PROYECTO LEONARDO

La Fundación BBVA ha tenido a bien en 2018 financiar mi proyecto “Un estudio sobre las omisiones: racionalidad, aversión a la pérdida y responsabilidad moral” a través de una de sus becas Leonardo a Investigadores y Creadores Culturales. Vaya desde aquí mi agradecimiento a la Fundación por la confianza que ha depositado en mí.

Presentación del proyecto:

UN ESTUDIO SOBRE LAS OMISIONES: RACIONALIDAD, AVERSIÓN A LA PÉRDIDA Y RESPONSABILIDAD MORAL

Introducción: la omisión ¿sesgo o estrategia?

Imagine que recae sobre usted la decisión de vacunar o no de cierta enfermedad a un grupo de niños, algunos de los cuales podrían perder la vida como consecuencia de la vacuna. Suponga además que dispone de una serie de datos fiables, que predicen un número de defunciones causadas por la vacuna bastante inferior que las causadas por la enfermedad. ¿Vacunaría? Este, que periódicamente se convierte de nuevo en tema de actualidad, fue el utilizado por Ritov y Baron para desarrollar su famoso estudio, publicado en 1990, acerca de la omisión. Para una parte considerable de quienes participaron en él, el que algunos niños perdieran la vida como consecuencia de la vacuna resultaba una situación más indeseable, menos aceptable, que el que la perdieran por padecer la enfermedad que la vacuna hubiese prevenido; y esto aun siendo conscientes de que se preveía un menor número de víctimas mortales si se vacunaba. Esta actitud aparentemente irracional de los individuos se considera, por lo general, producto de lo que se ha dado en llamar sesgo de omisión, esto es, de cierta tendencia humana a juzgar un acto que tiene como consecuencia un daño, como peor o más indeseable que una omisión cuya consecuencia es un daño igual o incluso mayor.

Mucho se ha escrito sobre este fenómeno a lo largo de las últimas décadas; incluso hay quienes han dicho de él que no se trata de un sesgo sino de una estrategia. Es el caso de DeScioli, Christner y Kurzban, quienes, en un artículo de 2011, califican de erróneo el considerar como un mismo fenómeno dos asimetrías que en realidad, dicen ellos, deberían tratarse por separado: 1) la de elegir actuar versus elegir omitir; y 2) la de evaluar moralmente las acciones versus evaluar moralmente las omisiones, de otros. Según estos autores, la primera asimetría sería consecuencia de la segunda; en nuestra decisión de actuar u omitir tendría así un papel destacado la repulsa moral que, en nuestro entorno, previésemos hacia dicha decisión. Los autores se apoyan para defender esta hipótesis en los resultados de varios experimentos. En algunos de ellos, a tres participantes diferentes, por cada realización del experimento, se les asigna, respectivamente, el papel de receptor de 1 dólar, tomador por acción u omisión de parte de ese dinero (pudiendo dejar al receptor sin nada) y el de penalizador del comportamiento del tomador (pudiendo aplicar a este una penalización de hasta 30 céntimos). En otros experimentos, sin embargo, se excluye la figura del penalizador. Si bien es cierto que los resultados obtenidos en todos estos experimentos parecen, como ya he dicho, apoyar la idea de la omisión como estrategia y no tanto como sesgo1, también lo es, que no terminan de ser convincentes. La razón es que en estos experimentos, y dado el medio por el que fueron realizados –el Amazon’s Mechanical Turk Web site-, parece razonable suponer que, en su mayor parte, quienes participaron en ellos tenían como principal objetivo maximizar sus ganancias (actuando pues de manera similar a la que lo harían los jugadores de una partida de póker, p.e.). El homo oeconomicus parece pues, salir aquí victorioso. ¿Qué ocurriría, sin embargo, si la situación que se les presentara a los participantes careciera de esta componente monetaria? He aquí una de las líneas que propongo explorar en el proyecto. La idea es diseñar un experimento que permita comprobar o descartar la hipótesis de DeScioli et álii. Exploraremos posibilidades como la siguiente:

Suponga que se traslada junto con unos amigos en un coche autónomo, que, por tanto, no requiere de su atención. En un momento dado, ocurre un error en el sistema y el coche aumenta su velocidad dirigiéndose directamente hacia un paso de peatones que están cruzando en ese momento 5 personas. El volante está muy duro, pero aun así ejerciendo la fuerza suficiente, cabría la posibilidad de que se modificara la trayectoria del coche lo suficiente –aunque de manera no perceptible para quien observa la situación desde el exterior- como para atropellar tan solo a uno de los viandantes: al que se encuentra más a la izquierda o al que se encuentra más a la derecha. Sus amigos están paralizados por el miedo y apenas pueden hacer un movimiento. La decisión es suya. ¿Qué haría?

  • Modifica la trayectoria del coche hacia la derecha.
  • Modifica la trayectoria del coche hacia la izquierda.
  • Finge que también está paralizado por el miedo.

También exploraremos la condición en que los participantes se supongan solos en el vehículo; una condición en la que, por tanto, no se supongan testigos. Trabajaremos sobre el diseño y nos plantearemos lo que significaría responder de una u otra forma al cuestionario. Un diseño adecuado y una correcta interpretación, podría proporcionarnos la herramienta apropiada para estudiar cuestiones tan interesantes como las que tienen que ver con las motivaciones humanas y sus miedos. Como ya hemos señalado, dedicaremos una parte del proyecto a trabajar esta línea.

Factores moderadores del fenómeno de omisión: la aversión a la pérdida

Sea sesgo o estrategia, lo que parece claro es que este fenómeno puede llegar a moderarse con factores tales como la percepción de causalidad, la proximidad física o los valores protegidos (confer Baron y Ritov, 2009: 156-157). En este proyecto, propongo como hipótesis la existencia de un nuevo factor: la aversión a la pérdida. Estudiaremos su verosimilitud y, como en el caso anterior, trabajaremos en el diseño de un experimento cuya forma podría ser similar a la siguiente:

Imaginemos que nos situamos ante la disyuntiva de si vacunar o no de gripe a la totalidad de los niños que viven en una ciudad, entre los que se encuentra nuestro hijo. Supongamos además que en los últimos tiempos se hubiera descubierto que un cierto grupo de la población es portadora de una rara y mortal enfermedad E que, sin embargo, no se manifiesta hasta que el portador enferma de gripe. En una situación de este tipo, las posibilidades de salir adelante serían ínfimas. Supongamos además que se carece del conocimiento necesario para determinar quién es o no, portador de E. Por último, imaginemos que la autoridad competente pone en nuestro conocimiento que, si bien la vacuna es completamente efectiva en lo que respecta la prevención de la gripe, sin embargo, esta misma vacuna también es causa en ocasiones de efectos secundarios que pueden llegar a provocar la muerte. En definitiva, supongamos que las cifras que se nos proporcionan fueran las siguientes:

  • Se prevé que como consecuencia de los efectos secundarios que puede provocar la vacuna mueran unos 8 niños de cada 10.000. El ser portador o no de E es, en este caso, irrelevante.
  • Se prevé que como consecuencia de la gripe mueran unos 10 niños de cada 10.000. En los cálculos se ha tenido en cuenta la especial debilidad de aquellos que son portadores de la enfermedad E y que, en consecuencia, morirán casi con total seguridad en caso de verse afectados por la infección. Las estimaciones apuntan a que la proporción de niños portadores de E se sitúa por debajo de 1 de cada 100.000.

Podríamos considerar como condición alternativa, la posibilidad de que la familia del participante se encuentre viviendo en una ciudad diferente. En la condición en la que se suponga al hijo viviendo en la ciudad, mi hipótesis es que de manera significativa, los participantes optarán mayoritariamente por vacunar. La razón es que se visualizan a sí mismos, en caso de no vacunar, como posibles claros perdedores. Esto es así, porque además de la población normal de niños que pueden o no verse infectados por la gripe, y que pueden morir o no a causa de ella o de los efectos secundarios que en ocasiones provoca la vacuna, existe también otro grupo mucho más pequeño de niños que, sin saberlo, son portadores de una enfermedad mortal que tan solo se manifiesta en presencia del virus de la gripe. Si se decide no vacunar y estos niños tienen la mala suerte de enfermar, no habrá salvación posible para ellos. Claramente, no vacunar es una muy mala opción para estos niños, entre los cuales puede estar el hijo del participante. En definitiva, es una muy mala opción para él. En esta segunda fase del proyecto, como antes, trabajaremos en el diseño, verosimilitud e interpretación, de mi hipótesis.

Si hay algo que parecen haber dejado claro los estudios de Kahneman y Tversky -realizados durante los años ’70 y ’80- es que las decisiones que tomamos dependen mucho de cómo se nos presente el problema (cf. Kahneman y Tversky, 1981), y, desde luego, visualizarnos como perdedores no es algo que nos guste. Háblese de las vidas perdidas en lugar de las vidas salvadas y la decisión que se tomará en relación a un mismo problema, será diferente. Háblese de no aplicación de un descuento, en lugar de incremento de precio, y nuestra reacción cambiará considerablemente ¡aunque el precio final sea el mismo! No nos gusta perder. Utilizando palabras de Kahneman (2012, p.20), es una cuestión del “diseño de la maquinaria de la cognición”. Durante la segunda parte del proyecto, investigaremos las consecuencias de dicha aversión sobre el fenómeno de la omisión.

El fin de la transgresión moral

Los valores protegidos son aquellos que, en principio, uno no está dispuesto a negociar independientemente de cuáles sean las circunstancias. Se trata de valores que, como indican Baron y Ritov (2009: 143-44), -en contraste con otras investigaciones como las de Tanner y Medin (2004)- suelen estar bastante más conectados con la omisión (no matar, no clonar, no destruir la naturaleza, etc.) que con la acción (protege a quien está siendo agredido, denuncia a quien comete un crimen, desprecia a quien no respeta la naturaleza, etc.). En definitiva, como ya hemos dicho anteriormente, parecemos ser más propensos a omitir que a actuar por mucho que, en determinadas circunstancias, el no actuar pueda provocar tanto o más sufrimiento a quienes no lo merecen, como la herida directa (cf. Arteta, 2010).

Nuestros valores protegidos no nos permitirían disparar a quien solicita ayuda, pero desde luego, tampoco parece que nos lleven a actuar generosamente cuando se trata de salvar del dolor y la muerte a las miles de personas que se agolpan a las puertas de Europa o Estados Unidos. Lo llamativo aquí, sin embargo, no es tanto el hecho de negar la ayuda a quien la pide, como el de que ni siquiera nos parezca que lo que hacemos -o más bien, no hacemos- es reprobable.

Bersoff y Miller (1993) observan en su estudio, que es menos frecuente considerar una transgresión en términos morales, cuando además de esta y simultáneamente también se produce la evaluación del transgresor en términos de responsabilidad. Dicho de otra forma, hay transgresiones que categorizamos como morales, que dejamos de categorizar como tales cuando añadimos a la evaluación una atribución de responsabilidades. Así ocurre, por ejemplo, cuando factores situacionales colocan al transgresor en una posición en la que este es aparentemente dominado por el miedo o incluso por la ira.

Una posible manera de explicar entonces la ausencia de reprobación en casos tan hirientes de omisión como el de los refugiados, por ejemplo, sería que las transgresiones a las que nos referimos no se consideran transgresiones morales. El miedo, la ira, se convierten así en factores que moderan la severidad con la que evaluamos toda transgresión, en particular y muy especialmente las nuestras. El miedo, en el caso que nos ocupa, a que el que atraviese nuestras fronteras pueda debilitar nuestra posición social o incluso atentar contra nosotros.

Durante la parte final del proyecto me centraré en esta cuestión, y en las posibles formas de atenuar el efecto, observado por Bersoff y Miller, que tiene la atribución de responsabilidades en la evaluación de las transgresiones.

Plan de trabajo y calendario de ejecución

Este proyecto propone tres líneas fundamentales trabajo, todas ellas íntimamente relacionadas entre sí: la determinación del fenómeno de omisión bien como sesgo, bien como estrategia (partiendo del artículo de DeScioli et ál.), la aversión a la pérdida como factor moderador del fenómeno de omisión (hipótesis propia), y la no consideración moral de ciertas transgresiones, en tanto que problema social (tomando como punto de partida el artículo de Bersoff y Miller del año 1993).

Durante los primeros 6 meses, haré una revisión bibliográfica de los temas del proyecto. Durante los siguientes 6 meses me centraré principalmente en el diseño de cuestionarios, su verosimilitud e interpretación. Los últimos 6 meses los dedicaré a la redacción de resultados teóricos, que serán publicados online y enviados como propuestas a congresos y revistas. Estos últimos meses los dedicaré también a solicitar los permisos pertinentes para la puesta en marcha de los experimentos diseñados a lo largo del proyecto. El objetivo es proporcionar a este una continuación natural una vez se disponga de las bases teóricas adecuadas.

Bibliografía

  • ARTETA, A. (2010), Mal Consentido. La complicidad del espectador indiferente. Alianza Editorial.
  • BARON, J. y RITOV, I. (2009), Protected Values and Omission Bias as Deontological Judgments. En D.M. Bartels, C.W. Bauman, L.J. Skitka y D.L. Medin (Eds.), Moral Judgment and Decision Making (pp.133-167). Academic Press.
  • BERSOFF, D.M. y MILLER, J.G. (1993), Culture, Context, and the Development of Moral Accountability Judgments. Developmental Psychology, 29(4), pp.664-676.
  • DESCIOLI, P., CHRISTNER, J. y KURZBAN, R. (2011), The Omission Strategy. Psychological Science 22(4), pp.442-446.
  • KAHNEMAN, D. (2012), Pensar Rápido, Pensar Despacio. Editorial Debate.
  • RITOV, I. y BARON, J. (1990), Reluctance to Vaccinate: Omission Bias and Ambiguity. Journal of Behavioral Decision Making 3, pp.263-277.
  • TANNER, C. y MEDIN, D.L. (2004), Protected values: No omission bias and no framing effects. Psychonomic Bulletin & Review 11(1), pp.185-191.
  • TVERSKY, A. y KAHNEMAN, D. (1981), The Framing of Decisions and the Psychology of Choice. Science, 211.

1. Se produce un aumento significativo por parte de los tomadores, de la elección de tomar dinero por omisión del receptor -aunque con ello la cantidad obtenida por ambos, receptor y tomador, sea menor-, cuando en el experimento se incluye la figura del penalizador.

Un experimento de divulgación:

RADIOFILOSOFÍA (CAPÍTULO 1): UN RELATO DE OMISIONES.

El sábado 24 de noviembre (del año 2018) participé junto con Daniel López Castro, Lucía Morcillo Coca y Rosana Triviño Caballero en las jornadas de celebración del día mundial de la filosofía que organizó Más Filosofía en Madrid.

Nuestro objetivo era claro: queríamos hablar de sesgos y omisiones, pero queríamos hacerlo utilizando recursos audiovisuales que se fundiesen de manera fluida con nuestras palabras dando así lugar a un relato sensorialmente atractivo.

Con este objetivo redacté un guión que corregimos entre todos, y Lucía y yo hicimos el montaje.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

El resultado de este experimento de divulgación lo tenéis a continuación (grabación realizada por Daniel):

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